Aznar bloqueó el diálogo por temor a reconocer la existencia del conflicto.
      Artículo de Martín Garitano, publicado en GARA el 27 de agosto de 1999.


      Aznar bloqueó el diálogo por temor a reconocer la existencia del conflicto

      Se contradice al acusar a HB de romper unilateralmente relaciones que él mismo niega

      Martín GARITANO| DONOSTIA

      José María Aznar esperó al último día de sus vacaciones para comparecer ante la afiliación del PP en Quintanilla de Onésimo y anunciar que "ETA y HB, en el fondo, no quieren la paz". La sorprendente declaración ante tan peculiar auditorio cogió de sorpresa a sus propios seguidores, y fuera de juego a sus socios y contrincantes políticos, desconocedores del sentido real de las enigmáticas palabras del presidente del Gobierno.

      Aznar fue más allá al revelar que a la primera reunión de sus delegados con HB debía haber seguido una segunda que no se llegó a celebrar "porque en HB tuvieron y tienen miedo de la paz" y que el encuentro que tuvo lugar con portavoces de ETA no ha tenido continuación. "Y si no la hay ­añadió­ a lo mejor es que falta voluntad de avanzar en el proceso de paz por parte de ETA, no del Gobierno"

      Aznar no quiso ser más explícito y, tras reiterar que "no conseguirán nunca el intento de romper España", aseguró que el Gobierno "seguirá encabezando y liderando todas las iniciativas que sean posibles".

      Cuestión de liderazgo

      El término "liderar", reiterado en la alocución presidencial puede encerrar, sin embargo, la clave de este extravagante capítulo. Un año después de la firma del acuerdo de Lizarra Garazi y la declaración de alto el fuego por parte de ETA, el presidente español no ha logrado su objetivo primordial de romper la unidad de acción de las fuerzas políticas y sindicales nucleadas en torno al documento del 12 de setiembre y la venta de su imagen como líder de un proceso de paz parece tarea cada día más compleja, a escasos días del primer aniversario de la tregua de ETA.

      Un año después de las dos declaraciones sobre las que ha pivotado la realidad política vasca, Aznar y su equipo han querido adelantarse a los obligados balances para traspasar la responsabilidad de la situación actual al alero contrario y evitar así la interpretación, obligada, de un proceso de conversaciones con Herri Batasuna. Y es que si la tesis oficial es que con ETA no hay más orden del día que la situación de los presos, la entrega de las armas y el punto final de la lucha armada, los técnicos del gabinete de comunicación de La Moncloa habrán de buscar alguna explicación plausible para explicar a la opinión pública que con HB no se habla del conflicto político, que los términos del debate no discurren por el cauce, inevitable, de reconocer la existencia de un conflicto de naturaleza inequívocamente política a resolver mediante el diálogo, el debate y la negociación con los agentes políticos vascos.

      Lo cierto es que después del primer encuentro entre los enviados de Aznar ­Fluxá, Arriola y Zarzalejos­ y la delegación de HB la parte española se comprometió a que el propio Aznar reconociera la apertura de un marco de conversaciones con la formación abertzale como paso previo a la reunión que habría de celebrarse el 15 de enero. Sin embargo el portavoz del Gobierno, Josep Pique, en la comparecencia del 18 de diciembre citó sólo la existencia de "contactos significativos" de los que cabía colegir que "la tregua de ETA tiene posibilidades de consolidarse como cese definitivo", lo que fue interpretado desde HB como el signo más evidente del intento gubernamental de confundir los dos marcos de discusión abiertos y mostrar así ante la sociedad la imagen de un Ejecutivo que sólo persigue una negociación con ETA o su indefinido "entorno" mediante la que conseguir el cese definitivo de la lucha armada y la desaparición definitiva de ETA, sin poner sobre el tapete la discusión sobre el contencioso político sobre el que se asienta el conflicto y sus manifestaciones de violencia.

      La primera omisión del presidente español fue seguida de una segunda intervención pública en la que reiteró su sepulcral silencio sobre el encuentro oficial mantenido con HB con lo que el incumplimiento del compromiso resultaba ya del todo indubitable y la suspensión de la reunión prevista para mediados de enero, más que previsible.

      Desde fuentes conocedoras de los contactos habidos a lo largo de este año se insiste en el interés de la parte gubernamental en identificar a la representación de HB con la de ETA y combinar los resultados de los encuentros celebrados con unos y otros y presentar así ante la opinión pública un cuadro en el que el Gobierno sólo dialoga con la interlocución de ETA con el único objetivo de trucar presos políticos por armas. La fórmula "paz por presos", reiterada hasta la saciedad por los políticos del PP en sus discursos públicos, serviría así de amparo a las reuniones con Herri Batasuna. La parte abertzale se reafirma ahora en la invalidez de un calendario marcado por el incumplimiento de partida y reitera que los fracasos de Aznar en dinamitar la cohesión del Acuerdo de Lizarra-Garazi y su cada día más insostenible posición de líder mediático de un proceso de paz virtual sólo puede corregirse si se abre paso a la rectificación gubernamental y al reconocimiento expreso de la interlocución de HB. "No planteamos una serie de reuniones abiertas a los medios de comunicación, pero no podemos participar en un diálogo cuya existencia se niega", concluyen.

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